Cierra escuela de oficios de Empalme por falta de subsidios La hermana María Jordán asegura que sin el apoyo ya no tienen nada que ofrecerles a los jóvenes del barrio, donde crecen la inseguridad y el delito. La escuela funcionó durante dos años y se quedó sin fondos tras el cambio de gobierno provincial.
“Siempre soñé con llevarlos en algún transporte a recorrer la ciudad y a respirar otro aire”, se ilusiona María Jordán, al pensar en los adolescentes y jóvenes del barrio Empalme Graneros, muchos de los cuales a pesar de haber crecido allí, hoy agreden y asaltan a sus propios vecinos y maestros. Conocedora de las limitaciones con que cuenta después de tantos años de duro trabajo comunitario, la hermana confiesa que su aspiración sería poder concretar ese sueño, al menos con los más chicos: nenas y nenes que se están formando.
“Pienso que si pudiera lograr esto, tal vez cuando esos chicos vuelvan a sus casas a la noche, de vuelta de la excursión, y cierren los ojos antes de dormir, podrán recordar esas imágenes y ese aire, tan distintos de la miseria que los rodea ; y podrán imaginar un mundo mejor, lejos de tanta marginación”, planteó.
La falta de continuidad entre las sucesivas administraciones de gobierno, en especial, cuando éstas conllevan un cambio de signo político –como ocurrió en 2007 en la provincia de Santa Fe– terminan perjudicando, muchas veces, a la población más desprotegida con necesidades básicas insatisfechas.
Y aunque en ocasiones se explican los recortes presupuestarios destinados a subsidios, como un simple “redireccionamiento de partidas”o un mero “recorte del gasto público”, lo real es que muchas ayudas financieras dejan de brindarse de un día para otro, sin que, en apariencia, se analicen las consecuencias.
Un ejemplo de la falta de discontinuidad descripta, se ve reflejada en el barrio Empalme Graneros, de Rosario, donde el único programa sistemática de contención de jóvenes que se implementó en los últimos dos años desde el Centro Comunitario “María madre de la esperanza”, ubicado en Mariano Cabal al 1400 bis.
“Durante los años 2006 y 2007 recibimos un subsidio del gobierno provincial y también apoyo municipal para poner en marcha la escuela de oficios en el barrio” –explica a Rosario3.com, la hermana María Jordán, la religiosa que llegó a Rosario y se estableció en Empalme Graneros, hace 13 años, para hacerse cargo de la ayuda social a los más necesitados. “Sin embargo –se lamenta– a partir de este año, luego del cambio del gobierno provincial nos han cortado los subsidios al voluntariado formado por 11 personas que enseñaban oficios distintos a los adolescentes y adultos, para que pudieran insertarse en el mercado laboral”.
El equipo de colaboradores, cuya compensación mensual rondaba los 600 pesos, estaba integrado por un carpintero, un herrero, un albañil, un responsable del mantenimiento y cuidado de las herramientas, una coordinadora general y una psicóloga encargada de brindar contención a los niños y jóvenes en riesgo social,entre otros. Pero todos ellos quedaron sin trabajo a partir de enero de este año, cuando el nuevo gobierno provincial dejó sin efecto los subsidios.
“Desde entonces, el sistema no les da a nuestros jóvenes absolutamente nada –afirmó preocupada la hermana Jordán”– y aseguró que desde 1995, este es sin dudas el momento más inseguro para el barrio. “La situación se agravó en los últimos meses, porque al no tener ningún proyecto superador de esta pobre realidad que les toca vivir, algunos chicos, afectados por las drogas, han llegado al extremo de asaltar a su propio maestro, como ocurrió ya varias veces”.
Según el testimonio de los vecinos –criollos y tobas que viven en el barrio– Víctor Gómez –el joven maestro que concurre diariamente al Centro Comunitario, de 18 a 20.30, para enseñar a leer y a escribir a la población adulta– fue asaltado en varias oportunidades en que le robaron su bicicleta. Esto motivó que el docente decidiera ingresar a pie al barrio; pero la semana pasada volvieron a asaltarlo al finalizar las clases, y a falta de bicicleta, los jóvenes asaltantes, armados y a cara descubierta, lo despojaron de su ropa y se la repartieron entre ellos, y le arrebataron el portafolios en el que llevaba las tareas de los alumnos y sus documentos personales.
“Nadie se anima a ir a la policía a denunciar lo que pasa en el acá, dijo dolida la hermana, porque quienes roban no son desconocidos, sino muchachos del mismo barrio, que se criaron acá, que tomaron la leche en este centro comunitario y jugaron en este sitio”.
Luego de ese violento episodio, el Centro Comunitario barrial quedó desprovisto también de maestro, ya que Gómez teme ataques más cruentos de los que sufrió, y anunció que dejará de trabajar allí.
“Queremos que venga la ministra de Educación para que vea qué posibilidades hay de continuar la tarea educativa de estos chicos que a los 18 años ya son padres de familia, sin tener un oficio –reclamó la religiosa– queremos que el ministro de Justicia ordene la instalación de un destacamento policial en el barrio para que los vecinos y quienes vienen de afuera puedan desplazarse con seguridad”.
Algunos hombres y mujeres habitantes dela zona piden reserva de su identidad, por temor a las represalias y denuncian que los ladrones entran en sus casas sin cubrirse el rostro y los amenazan con armas de fuego, luego de lo cual roban todo lo que les interesa, ante el sometimiento de familias enteras.
Fuente: www.rosario3.com



